Los diarios nos hablan hoy de que el más prolífico de nuestros escritores, el famoso César Vidal cuyas virtudes como novelista, historiador, tribunalista y tertuliano ya tienen su clientela establecida, ha dicho una de losantada sobre pedófilos y “cazar niños”. Lo más curioso es que lo haya hecho desde la COPE, o sea desde la entidad que más tiene que callar sobre estos asuntos: la Santa Madre Iglesia.
Es evidente que estas cosas, César Vidal no las improvisa. Tienen sus riesgos, o al menos debían de tenerlos. También tiene sus razones, tratar de cambiar el panorama informativo por ejemplo, y claro está, alimentar el vientre de la bestia, esa España profunda que quiere seguir creyendo que la ETA está detrás del 11-m o incluso del PSOE. Una España que con otras voces quieren desligar el atentado de la guerra de Irak porque los malos siempre son los otros.
El famoso tertuliano que escribe más libros que los puede leer, debe de pensar aquello del fútbol, que la mejor defensa es un buen ataque, y también debe creer que diga lo que diga, él se encuentra más que protegido. La suya es una actitud muy propia de la “España nacional”, de aquellos matones que en los años setenta sacaban sus pistolas ante unos manifestantes y proclamaban con chulería, y aunque dispararan a ellos “no les iba a pasar nada”, y no les faltaba razón. La tradición de impunidad venía de lejos, de mucho antes de la guerra, de hecho está inscrita en la historia de este país, vean sino otra película El año de los tiros, que nos habla de una matanza de obreros y ciudadanos en Río Tinto que quedó archivada durante cerca de siglo y medio. Y ahí está la COPE tan campante, su impunidad es tal que pueden darle la vuelta a cualquier verdad. De hecho, esto comparado con la “santidad” de sus mártires es “pecata minuta”.
Quizás nos encontremos con otro ejemplo de fuga hacia delante, de una cortina de humo para ocultar sus propias culpas. Baste recordar que no hace mucho tiempo que El Roto nos obsequiaba con uno de sus viñetas más goyescas en la que pintaba una suerte de catedral en medio de la cual había un letrero que decía: “Cuidado con el cura”, y abajo firmaba, “El Obispo”. El lector podía adivinar que el autor nos estaba hablando de los innumerables casos de pedofilía relacionados con la Iglesia, sobre todo en los Estados Unidos, unos hechos que había cubierto páginas y páginas de los diarios, se habían hablado por la TV, se han hecho documentales en los que se ha puesto en evidencia la capacidad de la Iglesia para “tapar” cualquier escándalo que la pueda perjudicar, pero también la “buena fe” de muchos practicantes educado a creer en los que mandan. No en vano estamos hablando de la mayor secta del mundo.
Y ya que el historiador revisionista se mete con el cine, señalemos que existen películas sobre la que se podría hablar mucho, como Sleeper (USA, 1996), de Barry Levinson, que está basada en hecho reales, también La buena educación, la más dura de todas las realizada por el último., y mejor Pedro Almodóvar…Historias que hasta obligaron al portavoz episcopal a declarar con la hipocresía que le caracteriza de que ocurría justo lo contrario, o sea que se le daba excesiva importancia a unas meras manzanas podridas entre tantas manzanas buenas. Sin embargo, día a día la COPE nos demuestra que la cosa se puede analizar justamente al revés, que entre tantas manzanas podridas, igual se puede encontrar alguna que no lo esté. La diferencia está en que ellos forman un poderoso partido con todas las ventajas y apenas ninguno de los inconvenientes de estos, en que ellos apenas si tienen mayor oposición que la que representa una izquierda institucional que ejerce de derecha moderada.
Un repaso de la cuestión nos mostraba que lo que ahora se estaba saliendo a la luz del día no era más que la punta de iceberg ya que los pecados de la Iglesia, por gordo que sean raramente salen a la luz pública, es como un Estado dentro del Estado. Sus pactos con el poder le han permitido unos grados de impunidad que se han fundamentado sobre todo en el silencio. Dicha capacidad se ha mostrado por ejemplo en un país tan laico como Francia, en casos como la protección de antiguos colaboracionistas con el nazismos, y el lector puede recurrir aquí también al cine, a La sentencia (USA, 2003), un convencional “thriller” sobre un criminal de guerra “colaboracionista” con la ocupación nazi, acusado de haber participado en la matanza de numerosos hebreos. El interés de esta película del veterano Norman Jewison radica –aparte de los actores, sobre todo de Michael Caine- en la demostración como en un país tan laico como Francia, la Iglesia había tenido sus redes protectores sobre estos pequeños Yagües y Molas, como los ha ocultado aprovechando sus márgenes de impunidad.
Impunidad que también se ha dado en la “caza de niños” como en los casos que registran las películas mencionadas, y que raramente van más allá de las piadosas paredes. Y sí algo se destapa, lo tiene fácil, operan uno de sus traslados.
No es necesario ver películas para saber de todas estas cosas. Todo aquel que quiere saber ha tenido ocasiones en su vida de encontrarse con esa parte oscura de la Iglesia, la misma que expulsaba o castigaba a los sacerdotes que trataban de imitar a Cristo en los hechos, y no en los rituales litúrgicos con los que se han lavado los mayores pecados del mundo. Eran cosas que se sabían y que se comentaban entre los chiquillos, especialmente desde los que, por ser monaguillos o cosas por el estilo, tenían mayores posibilidades de mirar y de saber. Cosas que se planteaban más allá de esos comentarios por razones obvias, miedo a la institución, impotencia ante cualquier posibilidad de hacer justicia, y sobre todo porque lo primero que las víctimas temían, era quedar ellas mismas señaladas, sobre todo cuando carecían de cualquier protección, y tenían detrás padres pusilánimes que habían asimilado aquello de tropezar con la Iglesia.
Mucho me temo que esto quede impune, y que el señor César Vidal puede pasar la página sin mayores problemas, sin pasar por los tribunales, ni encontrarse con la reacción indignada de la ciudadanía solidaria, demasiado acostumbrada últimamente a quedarse en casa viendo la Tele o leyendo los diarios como sí estas cosas no significaran lo que significan: una manifestación más de cómo la extrema derecha está sacando pecho.
lunes, 5 de noviembre de 2007
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